Hoy, junto con un amigo, visitamos al Sr. Wang, un profesional de RR. HH. con mucha experiencia. Al hablar de la “cultura de empresa”, fue tajante: para micro y pequeñas compañías de menos de 50 empleados, se opone a copiar el método Huawei o la gestión Amoeba. Aún más, desaconseja que los fundadores gasten enormes energías estudiando a Taylor o Peter Drucker.
Primero, la calidad de las empresas de formación y consultoría varía enormemente. Las mejores aún envían cada año a su gente al extranjero para aprender ideas recientes; las peores quizá solo descarguen presentaciones de otros en internet; y las del montón se limitan a resumir los textos clásicos y recitarlos.
Segundo, la cultura de una empresa está íntimamente ligada a su fundador, a sus rasgos propios, a su sector y a su etapa de desarrollo. A medida que crece, su cultura particular se forma de manera natural. Algunas llegan a ser famosas y su cultura se vuelve conocida — pero copiarla es calcar contornos: no se captura la esencia.
Tercero, sobre el 996: forma parte de la cultura de muchas tecnológicas. Funciona no porque el fundador proclame que “996 es una bendición” y la gente lo acepte con gusto, sino porque esos salarios permiten comprar vivienda y leche en polvo.
Así que, en lugar de obsesionarse con un muro de cultura y consignas diarias, mejor concentrarse en hacer bien el negocio y en aportar ganancias reales y palpables a los compañeros que luchan a nuestro lado. Al fin y al cabo, la base material determina la superestructura.
Publicado el: 8 de oct de 2025 · Modificado el: 5 de feb de 2026